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las instituciones. Entonces, cuando se hace una rendición de cuentas,
se trata de un acto formal para hacer check, no para informar e
interesar a la población sobre el uso de los fondos recibidos, sean de
la cooperación o del Estado.
Miedo a mostrar la realidad.
Por lo general, en los presupuestos de
las ONG hay una diferencia entre los gastos formales y los reales.
Muchas instituciones optan por no poner todos los datos de su
presupuesto y se resisten a la transparencia por miedo a entregar
información real y caer en contradicciones que luego las pongan
en evidencia de “malversación”, tanto con el Estado como con los
organismos de cooperación, y que esto los lleve al corte.
Por ejemplo, en muchos casos las instituciones optan por no
transparentar sus egresos o sus formas de contratación del personal.
Esto se entiende porque un mismo sueldo puede valer para
contratar a varias personas o para realizar actividades que no tienen
financiamiento. Esta situación es particularmente crítica porque con
los cambios en la cooperación, los costos asignados al personal son
cada vez más reducidos.
Autocomplacencia frente a la crítica
La democratización como esfuerzo por transparentar las acciones
y someterse a la crítica y a la rendición de cuentas es fundamental,
pero no se logra de un día para otro. En cambio, todavía se observa
una cierta autocomplacencia: “…por qué no nos quieren si nosotros
somos buenos, no nos comprenden…”, en lugar de avanzar con una
mirada crítica y plantear la acción de las ONG en conexión con los
altos niveles de desconfianza en el país.
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